Ucrania llevó a cabo uno de los mayores ataques con drones contra territorio ruso desde el inicio de la guerra, en una ofensiva que alcanzó múltiples regiones, incluida la zona de Moscú y la península de Crimea.

De acuerdo con el Ministerio de Defensa ruso, las defensas aéreas interceptaron alrededor de 660 drones lanzados durante la operación, la cual impactó al menos 12 regiones del país, además de zonas marítimas estratégicas.

El ataque forma parte de una escalada en el uso de tecnología militar no tripulada, que ha transformado el conflicto en los últimos meses. Reportes internacionales señalan que esta ofensiva es una de las más intensas registradas hasta ahora, superando incluso operaciones anteriores que ya habían marcado récords en el uso de drones.

Aunque Rusia aseguró haber derribado la mayoría de los dispositivos y no reportó daños significativos de inmediato, fuentes independientes señalaron impactos en infraestructura clave, incluyendo instalaciones industriales y energéticas.

La ofensiva se da en un contexto donde Ucrania ha intensificado su capacidad de ataque a larga distancia, con drones capaces de alcanzar objetivos a cientos o incluso miles de kilómetros dentro de territorio ruso, en una estrategia dirigida a debilitar la logística y la infraestructura del Kremlin.

Especialistas destacan que los drones se han convertido en un elemento central del conflicto, siendo responsables de una gran parte de las operaciones ofensivas en el campo de batalla, lo que ha modificado la dinámica de la guerra iniciada en 2022.

Este nuevo ataque ocurre en medio de un estancamiento en los intentos de negociación internacional y refleja una intensificación de las hostilidades entre ambas naciones, con intercambios constantes de ataques aéreos y represalias en distintos frentes.