El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó a la Administración de Servicios Generales (GSA) iniciar el retiro de productos de origen canadiense de las listas utilizadas para las compras y contratos del gobierno estadounidense, en una nueva escalada de las tensiones comerciales entre ambos países.

La instrucción fue anunciada el 8 de septiembre y contempla la coordinación de la GSA con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). De acuerdo con la administración Trump, la medida responde a lo que considera prácticas comerciales discriminatorias de Canadá contra empresas y productores estadounidenses.

La decisión significa que compañías canadienses podrían quedar fuera de los contratos federales que utilizan los llamados Multiple Award Schedules, mecanismos mediante los cuales distintas dependencias estadounidenses adquieren bienes y servicios de proveedores previamente autorizados.

Trump argumentó que Canadá ha restringido la participación de pequeñas empresas estadounidenses en mercados de compras gubernamentales a nivel federal y provincial. Bajo ese argumento, el mandatario condicionó el levantamiento de la medida a que Ottawa permita, según sus términos, una reciprocidad “plena y justa” para agricultores y empresas de Estados Unidos.

La decisión se produce mientras Estados Unidos y Canadá atraviesan una nueva etapa de su disputa comercial. Canadá comenzó a aplicar nuevos aranceles de represalia sobre productos estadounidenses por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares, después de que Washington mantuviera medidas arancelarias contra mercancías canadienses.

La respuesta de Trump no se limitó a las compras gubernamentales. El mandatario también firmó el mismo día varias proclamaciones que amplían las restricciones comerciales contra productos procedentes de Canadá.

Entre ellas se encuentra la prohibición de importar determinados productos lácteos, bebidas alcohólicas y motocicletas canadienses. Estas restricciones comenzarán a aplicarse el 29 de septiembre de 2026, de acuerdo con las órdenes presidenciales.

Además, Washington modificó el alcance de los aranceles del 50% que ya aplicaba a determinados productos canadienses. Algunas de las modificaciones comenzarán a tener efecto el 15 de septiembre.

La Casa Blanca justificó las nuevas acciones al señalar que Canadá mantiene medidas que, desde la perspectiva estadounidense, afectan el acceso de productos y empresas de Estados Unidos al mercado canadiense. La administración Trump sostiene que las nuevas restricciones buscan compensar esas condiciones.

El conflicto comercial se ha intensificado después de que las negociaciones entre ambos gobiernos se estancaran. Las medidas de Ottawa buscan responder a los aranceles estadounidenses y reducir el impacto de las restricciones comerciales impuestas por Washington.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha planteado la necesidad de disminuir la dependencia económica de Canadá respecto a Estados Unidos y fortalecer sus relaciones comerciales con otros mercados.

La disputa también genera preocupación por el futuro de la relación comercial de América del Norte, particularmente por los efectos que una escalada prolongada podría tener sobre cadenas de suministro, empresas de ambos países y sectores que dependen del intercambio transfronterizo.

La nueva política de Trump representa así un paso más allá de los aranceles: además de gravar determinados productos, Washington está recurriendo a restricciones directas de importación y a limitar la participación de empresas canadienses en contratos del gobierno estadounidense.

Por ahora, ambos gobiernos mantienen abierta la posibilidad de retomar las conversaciones comerciales, aunque las recientes medidas muestran que las diferencias entre Washington y Ottawa continúan aumentando.