El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, rechazó el plan de paz impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que buscaba avanzar hacia una nueva fase de alto al fuego en la Franja de Gaza, marcando un nuevo punto de tensión en el conflicto en Medio Oriente.
La propuesta, integrada por 15 puntos, contemplaba un proceso gradual que incluía el desarme del grupo Hamás, un intercambio de rehenes, la reconstrucción del territorio y un eventual retiro de tropas israelíes. Sin embargo, el gobierno israelí descartó el documento al considerar que no garantiza su seguridad.
Netanyahu fue enfático al advertir que Israel no abandonará Gaza hasta que Hamás entregue completamente su armamento, tanto pesado como ligero. Esta postura se mantiene como una condición innegociable para cualquier avance en el proceso de paz.
El rechazo se da pese a que el propio Hamás habría manifestado disposición para avanzar en el plan, lo que evidencia la falta de consenso entre las partes involucradas y complica la continuidad de las negociaciones internacionales.
La iniciativa promovida por Trump pretendía reactivar la segunda fase del alto al fuego en Gaza mediante una hoja de ruta que incluía el desarme progresivo de las milicias palestinas y la creación de un gobierno tecnocrático en el enclave.
Además, contemplaba la presencia de una fuerza internacional de estabilización y programas de reconstrucción para una región fuertemente afectada por meses de enfrentamientos.
No obstante, el gobierno israelí cuestionó la secuencia del acuerdo, especialmente la posibilidad de retirar tropas antes de garantizar la eliminación total de las capacidades militares de Hamás.
La negativa de Netanyahu representa un inusual desacuerdo público con Washington, uno de sus principales aliados, y refleja las presiones internas dentro de su gobierno, particularmente de sectores más duros que rechazan cualquier concesión.
El mandatario israelí reiteró además su rechazo a la creación de un Estado palestino, tanto en Gaza como en Cisjordania, postura que ha sido constante en su administración y que añade un nuevo obstáculo al diálogo diplomático.
El estancamiento del plan de paz ocurre en medio de una escalada de violencia que ha dejado miles de víctimas y una crisis humanitaria en Gaza. A pesar de los esfuerzos internacionales, las diferencias entre las partes mantienen bloqueada una solución definitiva.
Con esta decisión, Israel deja claro que su prioridad seguirá siendo la seguridad nacional, incluso si eso implica frenar iniciativas diplomáticas impulsadas por sus aliados.


































