El precio de la tortilla, uno de los alimentos básicos más importantes en México, se ha convertido en un desafío para la estrategia del gobierno de Claudia Sheinbaum para contener la inflación, en medio de presiones económicas tanto internas como internacionales.

A pesar de que la mandataria ha insistido en que no existen razones para incrementar el costo del producto —argumentando que el precio del maíz se mantiene en niveles bajos—, en el mercado la realidad muestra una resistencia a la baja en los precios finales al consumidor.

Datos recientes indican que el kilo de tortilla ha registrado incrementos en los últimos meses, afectando directamente a millones de familias mexicanas, especialmente aquellas con menores ingresos, para quienes este alimento representa una parte fundamental de su dieta diaria.

Especialistas y representantes del sector señalan que, más allá del costo del maíz, existen otros factores que influyen en el precio final de la tortilla, como el aumento en combustibles, transporte, inseguridad en rutas de distribución y costos operativos de las tortillerías.

Incluso, algunos integrantes de la industria han advertido que podría registrarse un aumento adicional de entre 2 y 4 pesos por kilo, debido a estas presiones.

Ante este panorama, Sheinbaum ha reiterado que no se permitirán incrementos injustificados y ha llamado a productores y comercializadores a respetar los acuerdos establecidos dentro del Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC).

“No hay ninguna razón para que aumente el precio de la tortilla”, ha sostenido la presidenta, al tiempo que su administración mantiene reuniones con el sector para evitar abusos en la cadena de suministro.

El comportamiento del precio de la tortilla también se enmarca en un contexto de inflación persistente en México, que alcanzó niveles cercanos al 4.6% anual en marzo, impulsada principalmente por productos agropecuarios y energéticos.

Analistas advierten que, aunque el gobierno ha implementado medidas como subsidios y acuerdos voluntarios con la industria, la presión inflacionaria podría continuar si se mantienen factores externos como conflictos internacionales y el encarecimiento logístico.