El estado de Chihuahua confirmó su primer caso de gusano barrenador del ganado, detectado en un becerro recién nacido en una zona rural cercana a Hidalgo del Parral, lo que encendió las alertas sanitarias en una de las regiones ganaderas más importantes del país.
De acuerdo con autoridades estatales, el caso fue reportado por un productor que detectó larvas en una herida del animal, lo que permitió activar los protocolos de análisis y confirmar la presencia del parásito.
El hallazgo marca un cambio en la estrategia sanitaria del estado, que hasta inicios de julio se mantenía libre de la plaga. A partir de ahora, las autoridades pasaron de un esquema de vigilancia preventiva a una fase de contención activa, con inspecciones, tratamientos y restricciones en la movilización de ganado.
Como parte de las nuevas medidas, se estableció un cerco sanitario en un radio de hasta 40 kilómetros alrededor del punto de detección, donde brigadas especializadas realizan revisiones en ranchos y predios para evitar la propagación del gusano barrenador.
Además, el gobierno estatal determinó que todo el ganado que ingrese o salga de Chihuahua deberá contar con certificación sanitaria, incluyendo la aplicación de tratamientos antiparasitarios como la ivermectina, con el objetivo de reducir riesgos de contagio.
Información de otros reportes señala que el becerro afectado tenía apenas unos días de nacido y se encontraba en un ejido cercano a los límites con Durango, lo que incrementa la preocupación por la posible expansión de la plaga hacia el norte del país.
Especialistas advierten que el gusano barrenador representa una amenaza grave para la industria ganadera, ya que sus larvas se alimentan de tejido vivo, provocando infecciones severas que pueden derivar en la muerte de los animales si no se atienden a tiempo.
El brote en Chihuahua ocurre en medio de un contexto nacional de reaparición de esta plaga, que había sido erradicada en México desde 1991, pero que en los últimos años ha vuelto a registrarse en distintas regiones del país, generando alertas sanitarias y económicas.
Autoridades federales y estatales mantienen coordinación con organismos sanitarios para reforzar las medidas de control, mientras hacen un llamado a los productores a revisar constantemente a sus animales y reportar cualquier anomalía.


































