El primer fin de semana completo bajo la administración de la gobernadora interina de Sinaloa, Yeraldine Bonilla Valverde, estuvo marcado por un repunte de violencia que dejó al menos ocho personas asesinadas en distintas regiones del estado, de acuerdo con reportes de la Fiscalía General del Estado.

Los hechos ocurrieron el domingo 3 de mayo, una jornada en la que también fueron localizadas dos osamentas en municipios de la zona centro y sur de la entidad, lo que elevó la percepción de inseguridad en un contexto político ya tensionado.

De acuerdo con los reportes ministeriales, los homicidios dolosos se concentraron principalmente en Culiacán, donde se registraron múltiples ataques en zonas urbanas como el sector Tres Ríos, así como en colonias como Capistrano y San Benito. También se reportaron asesinatos en Navolato, Mocorito y Mazatlán.

La violencia se presentó apenas días después de que el Congreso local designara a Bonilla Valverde como gobernadora interina, tras la solicitud de licencia del mandatario Rubén Rocha Moya, en medio de un escenario político marcado por investigaciones y señalamientos internacionales.

En paralelo, el gobierno federal ha reforzado su presencia en la entidad. La presidenta Claudia Sheinbaum instruyó al Gabinete de Seguridad a coordinarse directamente con la nueva administración estatal para contener la violencia y mantener operativos conjuntos.

El incremento de homicidios durante este periodo ha reactivado el debate sobre la efectividad de la estrategia de seguridad en Sinaloa, un estado que en los últimos años ha enfrentado episodios recurrentes de violencia ligados a la disputa entre grupos del crimen organizado.

Aunque las autoridades han reiterado que no existe un “vacío de poder” en la entidad, los hechos violentos del fin de semana reflejan la complejidad del escenario que enfrenta la nueva administración estatal en sus primeros días.