Lo que por meses fue una campaña abierta y sin disimulo electoral, finalmente se formalizó. La senadora con licencia Andrea Chávez Treviño se registró como aspirante de Morena a la gubernatura de Chihuahua, un movimiento que analistas y ciudadanos daban por hecho debido al intenso activismo y promoción de su imagen que la morenista ha venido realizando fuera de los tiempos legales.

El registro formal ocurre apenas días después de que Chávez solicitara licencia indefinida a su escaño en el Senado, confirmando que su prioridad legislativa quedó en segundo término frente a su ambición por el ejecutivo estatal. Durante meses, la senadora tapizó el estado con giras informativas y eventos masivos que, a ojos de la oposición y de diversos sectores locales, constituyeron una flagrante campaña anticipada que vulneró la equidad de la contienda interna.

Al concretar su inscripción en el proceso interno, Chávez Treviño arremetió contra la actual administración estatal prometiendo “terminar con 100 años del PRIAN”. Sin embargo, su discurso de transformación contrasta con las constantes críticas por el uso de recursos y aparatos de difusión para posicionarse de manera permanente en el territorio antes de que las reglas del partido y del árbitro electoral lo permitieran.

Con este registro, arranca formalmente una contienda interna en Morena Chihuahua que nace fracturada. Sus rivales políticos, entre ellos el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, enfrentan un escenario donde Chávez lleva meses de ventaja en promoción territorial, consolidando un dedazo simulado bajo la figura de una supuesta encuesta interna. La carrera por Chihuahua inicia así, marcada por el ventajismo y la simulación política.