La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, enfrenta su momento más complejo en lo que va de su administración luego de registrar una caída de siete puntos en su nivel de aprobación, en medio de crisis políticas y de seguridad en Sinaloa y Chihuahua.
De acuerdo con una encuesta de Enkoll, la mandataria pasó de niveles cercanos al 75% a un 68% de respaldo ciudadano entre marzo y mayo, marcando su descenso más significativo desde que asumió el cargo, aunque aún conserva una mayoría de apoyo.
El retroceso coincide con dos episodios que han sacudido la agenda nacional. Por un lado, el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, señalado por autoridades estadounidenses por presuntos vínculos con el narcotráfico, lo que ha generado dudas y debate público sobre la relación entre política y crimen organizado.
Por otro, la crisis en Chihuahua tras la muerte de dos agentes de la CIA en un operativo realizado sin autorización del gobierno federal, situación que detonó tensiones diplomáticas con Estados Unidos y cuestionamientos sobre la soberanía nacional.
Estos hechos no solo impactaron la percepción pública, sino que también evidenciaron una creciente preocupación ciudadana en temas como inseguridad, corrupción y economía, considerados los principales puntos débiles de la administración federal.
Según el mismo sondeo, el 62% de los mexicanos considera creíbles las acusaciones contra Rocha, mientras que una mayoría también respalda que el caso sea investigado a fondo, incluso con cooperación internacional, reflejando una desconfianza persistente hacia las instituciones.
A pesar del desgaste, el gobierno de Sheinbaum mantiene fortalezas en programas sociales, particularmente en apoyos a adultos mayores y mujeres, que continúan siendo bien evaluados por la población.
En el plano político, Morena conserva ventaja electoral, aunque con señales de desgaste respecto a sus niveles más altos, en un contexto donde la seguridad y la relación con Estados Unidos se perfilan como temas clave rumbo a los próximos procesos.
Así, la caída en la aprobación de la presidenta no solo refleja el impacto inmediato de las crisis recientes, sino también los desafíos estructurales que enfrenta su gobierno en materia de seguridad, gobernabilidad y confianza pública.


































