El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, denunció un atentado contra las oficinas de su partido en Chilpancingo, Guerrero, al asegurar que se trata de un acto de intimidación dirigido a silenciar a la oposición.
De acuerdo con lo expresado por el líder priista, el ataque forma parte de un clima de violencia política que se vive en la entidad, donde —afirmó— existen condiciones de inseguridad que ponen en riesgo tanto a actores políticos como a la ciudadanía.
El atentado habría provocado daños en las instalaciones del partido, lo que generó una rápida movilización de autoridades de seguridad en la zona para acordonar el área e iniciar las primeras investigaciones.
Aunque no se reportaron personas lesionadas, el hecho encendió alertas por tratarse de un ataque directo contra una sede política en una de las entidades con mayores índices de violencia.
Moreno sostuvo que este tipo de agresiones buscan generar miedo y frenar la actividad política de su partido, especialmente en regiones donde la disputa por el control territorial es más intensa.
“Nos quieren intimidar, nos quieren silenciar”, expresó el dirigente, al advertir que no permitirán que la violencia limite su participación política.
El episodio ocurre en un estado marcado por conflictos entre grupos criminales, disputas políticas y altos niveles de inseguridad, factores que han derivado en ataques contra autoridades y actores públicos en distintos momentos.
En los últimos años, Guerrero ha sido escenario de episodios de violencia que evidencian la fragilidad institucional y la presión que enfrentan gobiernos locales y partidos políticos.
Tras el atentado, el PRI exigió a las autoridades una investigación a fondo para esclarecer los hechos y castigar a los responsables.
El caso vuelve a colocar en el centro del debate la seguridad en procesos políticos y la protección de espacios partidistas en zonas de alto riesgo.



































