En un intento por ofrecer alternativas de reinserción social a jóvenes en conflicto con la ley, la Unidad Municipal de Prevención y Aplicación de Medidas para Adolescentes (UMPAM) implementó una actividad poco convencional: llevar a menores infractores a un rancho para aprender la elaboración de queso artesanal en Hermosillo, Sonora.
La iniciativa se desarrolló en el Rancho La Milpa, ubicado en la zona rural de San Pedro El Saucito, donde 12 adolescentes, de entre 12 y 17 años, participaron en un taller práctico que incluyó desde el ordeño de vacas hasta el proceso completo de producción de queso fresco.
Los jóvenes fueron canalizados a este programa tras haber incurrido en faltas administrativas como escandalizar en la vía pública, participar en riñas o deambular bajo los efectos de sustancias, y en su mayoría no se encontraban estudiando ni trabajando.
De acuerdo con autoridades municipales, esta actividad forma parte de un esquema de seguimiento que busca ir más allá de las sanciones tradicionales. La intención es que los adolescentes conozcan oficios y desarrollen habilidades que les permitan visualizar nuevas oportunidades de vida, alejadas de conductas de riesgo.
Durante la jornada, los participantes se involucraron activamente en cada etapa del proceso: aprendieron a ordeñar, a cuajar la leche, prensarla y darle forma al queso. Aunque al inicio algunos mostraron desinterés, el contacto directo con el trabajo de campo despertó curiosidad e incluso entusiasmo.
Autoridades de UMPAM han señalado que este tipo de actividades forman parte de una estrategia más amplia que incluye trabajo comunitario, atención psicológica y talleres de sensibilización, con el objetivo de fomentar responsabilidad, empatía y habilidades prácticas en los jóvenes.
Este enfoque busca atender una problemática recurrente: adolescentes que, al no estudiar ni trabajar, son más propensos a incurrir en conductas antisociales. Por ello, las autoridades apuestan por programas que no solo sancionen, sino que también abran caminos de desarrollo personal y laboral.
La experiencia en el rancho no solo dejó aprendizaje técnico, sino también una perspectiva distinta para los participantes, quienes por primera vez tuvieron contacto con actividades productivas del campo que podrían influir en su futuro.


































