El senador estadounidense Marco Rubio lanzó una dura advertencia contra Cuba al asegurar que Estados Unidos no tolerará la presencia de “regímenes marxistas radicales” en el hemisferio que, afirmó, representan una amenaza para la seguridad nacional.

A través de un posicionamiento público, Rubio señaló que la administración estadounidense busca frenar lo que calificó como intentos de Cuba por influir políticamente en otros países y exportar su modelo ideológico.

“El gobierno de Estados Unidos ya no tolerará regímenes marxistas radicales en nuestro hemisferio que busquen amenazar la seguridad nacional y participar en operaciones de influencia para exportar su revolución”, sostuvo.

El legislador también acusó a la isla de haber sido durante décadas un centro de promoción de movimientos de izquierda radical, señalando que el gobierno cubano ha reclutado, entrenado y respaldado a grupos en distintas regiones del mundo.

En este contexto, Rubio anunció acciones dirigidas contra una red de instituciones que, dijo, permiten y financian estas operaciones, entre ellas el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), la empresa Amistur Cuba S.A., los Comités para la Defensa de la Revolución (CDR) y la firma Minera La Victoria S.A.

El senador advirtió que cualquier persona o empresa que mantenga relaciones con estas entidades podría ser objeto de sanciones, incluyendo bancos extranjeros que continúen prestando servicios a los actores señalados.

Las declaraciones se dan en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos y Cuba, donde Washington ha intensificado su discurso político y medidas de presión contra el gobierno de la isla.

Por su parte, autoridades cubanas han rechazado este tipo de señalamientos en el pasado, calificándolos como parte de una estrategia de hostilidad e injerencia en sus asuntos internos.

Analistas consideran que el discurso de Rubio refuerza la línea dura dentro de la política estadounidense hacia Cuba, con un enfoque que combina presión económica, política y narrativa ideológica.

El posicionamiento del senador se suma a una serie de acciones recientes que buscan endurecer la postura de Estados Unidos frente al gobierno cubano, en medio de un escenario regional marcado por tensiones políticas.