El exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, concluyó formalmente la condena de nueve años de prisión por los delitos de asociación delictuosa y lavado de dinero; sin embargo, no obtendrá su libertad debido a que enfrenta nuevos procesos judiciales que mantienen vigente su reclusión.
Duarte fue sentenciado tras un proceso que derivó de su detención en 2017 y su posterior extradición desde Guatemala, en el marco de una de las investigaciones por corrupción más amplias registradas contra un exmandatario estatal en México.
Aunque su defensa había buscado la libertad anticipada al argumentar que había cumplido la mayor parte de su condena, autoridades judiciales determinaron que no cumplía con todos los requisitos establecidos en la Ley Nacional de Ejecución Penal, particularmente la ausencia de procesos penales abiertos y el cumplimiento pleno de medidas de reinserción social.
A esta situación se suma un nuevo frente legal. En febrero de 2026, un juez federal lo vinculó a proceso por el presunto delito de peculado por un monto de 5 millones de pesos, además de imponerle prisión preventiva justificada, lo que impide su liberación incluso tras concluir su sentencia original.
De acuerdo con resoluciones judiciales recientes, esta nueva medida cautelar se mantiene vigente mientras continúa la etapa de investigación complementaria, en la que la Fiscalía General de la República busca reunir pruebas adicionales para el juicio correspondiente.
El caso mantiene al exmandatario en una situación de continuidad jurídica dentro del sistema penitenciario federal, al quedar sujeto a al menos un nuevo proceso penal activo que extiende su permanencia en prisión.
Duarte, quien gobernó Veracruz entre 2010 y 2016, permanece recluido mientras se definen los alcances de las nuevas imputaciones en su contra, en un expediente que sigue sumando líneas de investigación relacionadas con presunto desvío de recursos públicos durante su administración.


































