El brote suma 2 mil 325 fallecimientos y 4 mil 945 casos confirmados; autoridades sanitarias enfrentan dificultades para contener la propagación del virus en zonas afectadas por conflictos, falta de infraestructura y desinformación.

La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta el brote de ébola más letal registrado en su territorio, luego de que el número de fallecimientos superara el saldo de la epidemia ocurrida entre 2018 y 2020.

De acuerdo con los datos gubernamentales más recientes, difundidos hasta el lunes 17 de agosto, la emergencia sanitaria acumula 4 mil 945 casos confirmados y 2 mil 325 muertes, mientras más de mil personas han logrado recuperarse. Alrededor de 730 pacientes permanecen hospitalizados o bajo aislamiento.

La cifra de fallecimientos rebasa los 2 mil 299 registrados durante el brote de 2018-2020, que hasta ahora era el más mortífero en la historia de la RDC. La actual epidemia es además la número 17 que enfrenta el país desde que el virus fue identificado por primera vez.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el ritmo de expansión del virus es excepcionalmente rápido. En la semana previa se contabilizó un récord de 579 nuevos casos y 304 fallecimientos, una velocidad que ha complicado las labores de vigilancia epidemiológica y rastreo de contactos.

Reuters reportó que, al 16 de agosto, la tasa de letalidad había aumentado hasta alrededor de 46 por ciento, frente a aproximadamente 20 por ciento registrada a comienzos de junio. El organismo internacional y especialistas atribuyen buena parte de la elevada mortalidad a los retrasos en la detección y atención de los pacientes.

El brote fue declarado oficialmente el 15 de mayo de 2026, aunque análisis epidemiológicos apuntan a que el virus comenzó a circular desde meses antes. El epicentro se encuentra en la provincia de Ituri, en el este del país, una región que enfrenta condiciones de seguridad y acceso particularmente complejas.

El actual brote es provocado por la variante Bundibugyo del virus del Ébola, una cepa para la cual todavía no existe una vacuna ni un tratamiento aprobado específicamente.

En Ituri se desarrollan ensayos de vacunas y tratamientos experimentales, pero las investigaciones todavía se encuentran en etapas de evaluación. Esto representa un desafío adicional para las autoridades sanitarias, que deben responder a una epidemia de rápida expansión sin contar con herramientas médicas aprobadas específicamente contra esta variante.

El virus ya se ha extendido por seis provincias del este de la RDC, aumentando el riesgo de que continúe desplazándose hacia otras zonas y países vecinos.

La emergencia sanitaria ocurre en regiones donde las condiciones de seguridad son inestables. La presencia de grupos rebeldes, las dificultades para desplazarse y el deterioro de las carreteras complican el acceso de los equipos médicos a comunidades alejadas.

A esto se suman problemas como huelgas de trabajadores sanitarios que no han recibido sus pagos, desconfianza hacia las autoridades y circulación de información falsa sobre la enfermedad.

La AP señaló que los esfuerzos para contener el brote también se ven afectados por ataques contra instalaciones sanitarias, movimientos de población y la dificultad para mantener un seguimiento adecuado de las personas que tuvieron contacto con pacientes infectados.

Uno de los principales problemas es que una proporción importante de los nuevos casos está siendo detectada fuera de los grupos que ya se encontraban bajo vigilancia, lo que significa que existen cadenas de transmisión que todavía no han sido identificadas.

¿Podría convertirse en el brote más mortal del mundo?

La magnitud de la emergencia ya convirtió al actual brote en el más grave registrado en la RDC, pero la OMS ha advertido que la situación podría escalar todavía más.

La epidemia de África Occidental de 2014 a 2016 continúa siendo la más mortífera registrada hasta ahora, con más de 11 mil fallecimientos. Sin embargo, especialistas han señalado que la rapidez con la que está avanzando el brote congoleño genera preocupación sobre su posible evolución.

Por ahora, las autoridades sanitarias mantienen las labores de aislamiento, vigilancia, rastreo de contactos y atención médica, mientras continúan los ensayos de posibles herramientas para combatir la cepa Bundibugyo.

El principal reto es frenar la transmisión antes de que el virus alcance nuevas comunidades, particularmente en una región donde la violencia, la falta de infraestructura y la desinformación dificultan la respuesta sanitaria.

Con más de 2 mil 300 personas fallecidas y casi 5 mil casos confirmados, la epidemia representa ya la mayor crisis de ébola registrada en la historia de la República Democrática del Congo.