CIUDAD DE MÉXICO.- El jefe de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terrance Cole, aseguró que existe una “conexión mortal” entre los cárteles del narcotráfico y el gobierno mexicano, afirmando incluso que “son lo mismo”, en declaraciones que han generado controversia y tensión en la relación bilateral.

Durante un posicionamiento reciente, el funcionario estadounidense señaló que las organizaciones criminales en México representan la principal prioridad para la agencia antidrogas, en el marco de la lucha contra el tráfico de drogas, especialmente el fentanilo.

Las declaraciones se dan en un contexto particularmente delicado entre México y Estados Unidos en materia de seguridad, donde han surgido diferencias sobre la forma en que ambos países enfrentan el crimen organizado y el papel de las agencias estadounidenses en territorio mexicano.

En los últimos meses, el tema ha cobrado relevancia tras diversos episodios que han tensado la cooperación bilateral. Entre ellos, destacan investigaciones y señalamientos desde Estados Unidos contra funcionarios mexicanos por presuntos vínculos con el narcotráfico, así como controversias por operativos y acciones unilaterales.

Además, casos recientes como el del narcotraficante Ismael “El Mayo” Zambada han profundizado las diferencias entre ambos gobiernos, luego de que México cuestionara posibles irregularidades en su traslado a Estados Unidos, señalando afectaciones a la soberanía nacional.

Las declaraciones del titular de la DEA se suman a un discurso más duro por parte de autoridades estadounidenses, que han insistido en la necesidad de reforzar las acciones contra los cárteles mexicanos, a los que consideran una amenaza directa para la seguridad nacional de su país.

Hasta el momento, el Gobierno de México no ha emitido una postura oficial específica sobre estas declaraciones; sin embargo, en ocasiones anteriores ha rechazado categóricamente cualquier insinuación de complicidad institucional con grupos del crimen organizado.

El señalamiento de la DEA abre un nuevo frente de tensión diplomática, en un momento en que la cooperación bilateral en materia de seguridad es clave para ambos países.