La Habana vivió este sábado una de las mayores movilizaciones políticas del año, luego de que decenas de miles de personas salieran a las calles para expresar su respaldo al exmandatario Raúl Castro y rechazar las recientes acciones del gobierno de Estados Unidos, que incluyen señalamientos y una orden de captura vinculada al derribo de dos avionetas en 1996.

De acuerdo con reportes oficiales y agencias internacionales, la concentración superó las 250 mil personas y se desarrolló principalmente en el Malecón de La Habana y frente a la embajada estadounidense, en un ambiente de consignas como “¡Patria o muerte!” y “¡Viva Raúl!”.

El presidente Miguel Díaz-Canel encabezó la movilización y acusó a Washington de “mentir descaradamente” para justificar una posible escalada contra la isla. En su intervención, reiteró que Cuba enfrenta una campaña de “agresión mediática y política” que busca desacreditar su soberanía y su sistema político.

Raúl Castro, de 94 años, envió un mensaje escrito en el que agradeció el respaldo popular y aseguró que seguirá “defendiendo la Revolución mientras viva”. Su figura volvió al centro del debate político en medio de una nueva fase de tensiones entre La Habana y Washington.

La manifestación ocurre en un escenario marcado por una profunda crisis económica y energética en Cuba, caracterizada por escasez de alimentos, medicinas y combustibles, así como apagones recurrentes y contracción del turismo, según análisis recientes sobre la situación de la isla en 2026.

En paralelo, también se han reportado protestas y expresiones de descontento social en distintas zonas del país por el deterioro de las condiciones de vida y los servicios básicos, un fenómeno que ha coexistido con movilizaciones oficiales de respaldo al gobierno y al discurso antiestadounidense.

En este clima de polarización, el gobierno cubano sostiene que las sanciones de Estados Unidos forman parte de una política de “bloqueo económico” que asfixia a la población, mientras sectores críticos dentro y fuera del país atribuyen la crisis a problemas estructurales internos y al modelo económico vigente.

La nueva escalada diplomática entre La Habana y Washington reaviva viejas tensiones históricas, en un momento en que la isla enfrenta desafíos económicos acumulados, migración creciente y presión internacional.

Analistas coinciden en que la movilización masiva busca también enviar un mensaje político interno y externo: cohesión del aparato estatal frente a la presión internacional, pero también reafirmación del control político en medio de una coyuntura compleja.