La escalada del conflicto en Medio Oriente comienza a reflejarse en la economía mexicana, con riesgos directos sobre el consumo, la inflación y las perspectivas de crecimiento, advierten especialistas.

El principal impacto proviene del aumento en los precios internacionales del petróleo y la energía, derivado de las tensiones en zonas clave como el estrecho de Ormuz, lo que encarece combustibles, transporte y productos básicos a nivel global.

Este encarecimiento tiene un efecto inmediato en el bolsillo de los consumidores, ya que presiona al alza los precios de bienes y servicios, reduciendo el poder adquisitivo y frenando el gasto interno, uno de los motores principales de la economía nacional.

Analistas señalan que la incertidumbre generada por el conflicto también afecta la inversión y las expectativas económicas, lo que podría traducirse en un menor crecimiento para México en el corto plazo.

Además, organismos internacionales ya habían advertido que este tipo de tensiones geopolíticas impactan directamente en la inflación y las cadenas de suministro, complicando el panorama económico para países emergentes como México.

Aunque la economía mexicana ha mostrado cierta resiliencia ante choques externos, el desarrollo del conflicto será clave para determinar el alcance real de las afectaciones, especialmente si persisten las interrupciones en el comercio energético global.

En este contexto, especialistas coinciden en que el mayor riesgo no es solo el alza de precios, sino la combinación de inflación con menor crecimiento, un escenario que podría presionar tanto a consumidores como a empresas en los próximos meses.