Desde el patio central de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardorindió su Segundo Informe de Gobierno, un acto institucional donde el eje central de su mensaje inicial fue la ratificación de la austeridad republicana y el cambio en la conducta de los servidores públicos frente a los privilegios de administraciones anteriores.

Ante gobernadores, legisladores e integrantes de su gabinete legal y ampliado, la jefa del Ejecutivo federal utilizó los primeros minutos de su discurso para marcar una línea divisoria clara respecto al pasado, asegurando que las prácticas de opulencia han quedado erradicadas del ejercicio del poder en el país.

Durante su intervención, la mandataria hizo especial hincapié en que el uso de los recursos públicos ya no se destina a mantener un estilo de vida privilegiado para la clase política, destacando los siguientes puntos de su pronunciamiento:

  • Fin de la opulencia: Afirmó textualmente que las excentricidades y los lujos que caracterizaban a los gobiernos anteriores terminaron por completo con la consolidación del actual modelo de gobierno.
  • Llamado a la mesura: Sostuvo que quienes integran el servicio público tienen la obligación de conducirse con responsabilidad, sencillez y humildad, recordando que el presupuesto pertenece a la ciudadanía.
  • Bienes del Estado: Reiteró que durante su gestión se ha mantenido la política de no adquirir vehículos de gama alta ni realizar gastos superfluos o innecesarios con cargo al erario.

Sheinbaum Pardo enfatizó que la separación del poder político del poder económico es la base que permite reorientar los recursos hacia las funciones esenciales del Estado y los programas de bienestar social. La presidenta concluyó este apartado de su informe señalando que esta visión de gobierno basada en la honestidad y la moderación debe mantenerse de forma permanente en la vida pública del país.