El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, advirtió que los cárteles mexicanos podrían utilizar drones para atacar intereses estadounidenses, en un escenario que refleja la creciente sofisticación tecnológica del crimen organizado.

Durante una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el funcionario señaló que estos grupos criminales ya emplean drones en enfrentamientos internos, lo que abre la posibilidad de que eventualmente extiendan su uso contra objetivos fuera de México.

“Los cárteles mexicanos están utilizando drones entre sí y debemos imaginar que en algún momento podrían usarlos contra nosotros, contra nuestros intereses”, declaró Rubio al abordar el tema de seguridad regional.

El señalamiento ocurre en medio de una estrategia más agresiva del gobierno estadounidense frente a los cárteles, a los que ha clasificado como organizaciones terroristas, lo que ha intensificado la presión hacia México en materia de seguridad.

Especialistas han advertido que el uso de drones por parte del crimen organizado no es nuevo, pero sí ha evolucionado en los últimos años, pasando de tareas de vigilancia a ataques con explosivos, lo que representa un desafío creciente para las autoridades.

En México, estos dispositivos han sido utilizados principalmente en estados con alta presencia del crimen organizado, como Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, donde se han documentado cientos de ataques con “narcodrones” en los últimos años.

Las declaraciones de Rubio se dan en un contexto de tensiones diplomáticas entre ambos países, marcadas por diferencias sobre la cooperación en seguridad, la posible intervención estadounidense y el respeto a la soberanía nacional.

El gobierno mexicano ha rechazado en reiteradas ocasiones cualquier intento de intervención extranjera en su territorio, insistiendo en que la lucha contra el narcotráfico debe realizarse bajo esquemas de coordinación bilateral y respeto mutuo.

Analistas consideran que este tipo de advertencias podrían influir en la agenda de seguridad regional y en el debate político tanto en Estados Unidos como en México, especialmente ante el avance tecnológico de los grupos criminales.

El tema pone sobre la mesa un nuevo escenario en la lucha contra el crimen organizado, donde la tecnología se convierte en un factor clave que podría redefinir las estrategias de seguridad en ambos lados de la frontera.