La investigación por el homicidio del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, dio un giro inesperado tras revelarse una carta póstuma escrita por Ramiro “N”, señalado como uno de los reclutadores y operadores en el ataque. El documento, dirigido principalmente a su hija, expone remordimientos, miedo y señalamientos directos que han encendido nuevas alertas en el caso.
Una despedida encontrada tras su muerte
La carta fue hallada por la pareja de Ramiro entre sus pertenencias, después de que él y un menor identificado como Josué “N”, de 16 años, fueran encontrados sin vida en una carretera de Michoacán. Días antes, Ramiro había sido obligado a trasladarse a otra localidad para “esconderse”, según los testimonios presentados por su familia.
La misiva confirma que Ramiro sabía que estaba sentenciado. En una de las líneas más duras, anticipa su propio final y el de quienes participaron:
“Cuando leas esto, yo ya estaré muerto.”
La confesión a su hija
La carta está escrita con un tono desgarrador. A su hija, le pide perdón por haber llevado una doble vida y haber ocultado su verdadera actividad:
— “Mi hija, te fallé. Te mentí. No andaba en nada del aguacate.”
Durante meses, Ramiro le aseguró a su familia que trabajaba en labores agrícolas, pero en realidad operaba como reclutador dentro de una célula criminal. Según investigaciones, fue él quien contactó a uno de los ejecutores del ataque contra Manzo y facilitó la logística del homicidio.
La carta también contiene acusaciones directas. Ramiro responsabiliza a un mando criminal identificado como “El Licenciado”, figura clave dentro de la estructura que planificó el asesinato del alcalde.
Además, advierte a su familia que no confíe en ciertas autoridades y que no declare en Uruapan por el riesgo que ello implicaría. Su mensaje sugiere que se sentía vigilado y que temía ser eliminado para impedir que hablara.
— “Nos van a querer silenciar.”
Es la frase que más ha llamado la atención de investigadores, pues coincide con el contexto en el que murió.
Una pieza clave que no llegó a declarar
Para las autoridades, Ramiro era un testigo clave para reconstruir cómo se ordenó y ejecutó el asesinato de Manzo. Su muerte, junto con la del menor que lo acompañaba, dejó un vacío en la cadena de información que ahora solo puede reconstruirse con mensajes, llamadas y declaraciones indirectas.
La carta, sin embargo, abre un camino nuevo: revela su rol, confirma su relación directa con los ejecutores y apunta hacia mandos superiores que operaban detrás del crimen.
La Fiscalía analiza el documento como prueba contextual, pues podría ayudar a vincular a figuras ya detenidas con la planificación del homicidio. También ha despertado cuestionamientos sobre el alcance real de la red criminal que operaba en Uruapan y sobre la posibilidad de que quienes participaron hayan sido silenciados.
Mientras las autoridades avanzan, la carta de Ramiro —escrita para su hija, pero ahora en manos de la justicia— se ha convertido en uno de los testimonios más contundentes del caso.



































