El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó recientemente que su gobierno planea iniciar ataques militares terrestres en América Latina y el Caribe dirigidos a grupos vinculados al narcotráfico y al tráfico de drogas. La declaración genera preocupación en la región por la posible escalada militar y las implicaciones diplomáticas. 

Trump ha señalado que tras realizar numerosas operaciones marítimas contra presuntos cárteles y traficantes en el mar Caribe y el Pacífico, el siguiente paso será ampliar las acciones a objetivos en tierra firme, aunque sin detallar cuáles países o territorios serían blanco de estas operaciones ni bajo qué marco jurídico se ejecutarían. 

Este enfoque forma parte de la estrategia que, en palabras del mandatario, busca detener el flujo de drogas al interior de Estados Unidos atacando las rutas y bases de grupos criminales fuera de su territorio. Trump ha afirmado que las intervenciones marítimas han reducido la entrada de fentanilo y otras drogas, y que por eso ahora se enfocará en operaciones terrestres “muy fuertes”. 

Analistas internacionales han destacado que amenazas similares han sido expresadas en varios momentos desde finales de 2025, cuando se evaluó expandir operaciones más allá del mar para atacar a cárteles o redes de narcotráfico en países como México, Colombia y Venezuela, aunque sin que exista una estrategia formal anunciada al Congreso estadounidense ni detalles operativos oficiales publicados. 

La respuesta diplomática de varios gobiernos latinoamericanos ha sido de rechazo a cualquier acción unilateral que viole la soberanía nacional, y en algunos casos se ha buscado intensificar el diálogo bilateral con Estados Unidos para abordar la lucha contra el crimen organizado desde la cooperación y el respeto mutuo.