La Policía Federal arrestó al expresidente Jair Bolsonaro en su residencia de Brasilia luego de que las autoridades detectaran un posible intento de fuga antes del inicio de su condena de 27 años de prisión. La alerta surgió cuando su tobillera electrónica registró manipulación durante la madrugada, lo que llevó a una revisión del dispositivo. En un video interno divulgado por las autoridades, Bolsonaro admite haber usado un soldador para quemar partes de la tobillera, aunque asegura que lo hizo por curiosidad y no para retirarla. Sin embargo, los técnicos señalaron daños que no concuerdan con un contacto accidental.
El juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, determinó que existía riesgo real de fuga, especialmente porque se había convocado una vigilia frente a la casa del expresidente, organizada por su hijo Flávio Bolsonaro. La investigación consideró que ese acto público podía servir como distracción para permitir un eventual ingreso a una embajada o algún intento de ocultamiento. Con esos elementos, Moraes ordenó la prisión preventiva y solicitó que la detención se realizara sin esposas y sin exposición mediática innecesaria.
Bolsonaro fue trasladado a una sede de la Policía Federal y alojado en una habitación individual destinada a detenidos de alto perfil. Su equipo legal calificó la decisión como injustificada, argumentando que el expresidente no tenía condiciones reales para escapar debido a la vigilancia constante. También sostiene que su estado de salud debería permitirle continuar bajo arresto domiciliario mientras avanzan los recursos judiciales. La detención ha profundizado la tensión política en Brasil, provocando reacciones inmediatas entre sus seguidores y reavivando el debate sobre la estabilidad institucional del país.



































