Como si se tratara de un concurso, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con molestia a los cuestionamientos sobre la casa del senador Gerardo Fernández Noroña en Tepoztlán y, en lugar de aclarar el tema, desvió la conversación hacia el caso de Genaro García Luna.

“¿Qué les parece más importante: la casa de Noroña o que la DEA haya dicho que García Luna está al mismo nivel que otros capos?”, lanzó Sheinbaum ante medios, visiblemente incómoda por la insistencia en el tema del legislador.

La declaración no tardó en generar ruido. Para muchos, la comparación resulta forzada: por un lado, un senador de la llamada austeridad republicana cuestionado por una propiedad; por otro, un exfuncionario ya condenado en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico. Dos temas distintos, mezclados en una sola respuesta.

Sheinbaum insistió en que Fernández Noroña vive en esa casa desde hace años, sin entrar en mayores detalles ni responder de fondo a las dudas sobre congruencia y transparencia, temas que han sido bandera del movimiento al que pertenece.

En redes sociales, la reacción fue inmediata. Usuarios criticaron lo que consideran una estrategia recurrente: evadir cuestionamientos incómodos comparándolos con escándalos del pasado, en lugar de aclarar lo que se pregunta en el presente.

La polémica vuelve a poner sobre la mesa un reclamo constante: cuando se trata de figuras afines, la exigencia parece relajarse; cuando no, la lupa se vuelve implacable. Y mientras tanto, la pregunta sigue sin respuesta clara.