El tablero político rumbo a la sucesión gubernamental de Sonora en 2027 ha quedado formalmente inaugurado. Con pasarela y reflectores en el World Trade Center de la Ciudad de México, el Comité Ejecutivo Nacional de Morena cerró el registro de los seis aspirantes oficiales que buscarán la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación.

Omar Del Valle Colosio, Célida López Cárdenas, María Dolores del Río, Froylán Gámez, Lorenia Valles y Javier Lamarque ya tienen en sus manos la “guía de asambleas” que dictó la dirigencia nacional liderada por Ariadna Montiel. Sin embargo, detrás de la foto de unidad y los banderazos institucionales, la realidad fría de los números y la percepción en medios locales dibuja un escenario muy distinto: mientras el oficialismo inicia un desgastante proceso de selección interna, la oposición ya tiene a su puntero corriendo en la pista.

No es ningún secreto en las principales columnas políticas ni en los análisis demoscópicos del estado: Antonio “Toño” Astiazarán lleva una delantera considerable en posicionamiento de marca y estructura.

Gobernar la capital del estado siempre ha sido el trampolín natural en la política sonorense, pero en el caso del actual alcalde de Hermosillo, la vitrina se ha maximizado. Los constantes careos y mediciones publicados por diversos medios de comunicación ubican al presidente municipal capitalino como la figura más sólida y competitiva del bloque opositor.

Mientras los seis registrados por la coalición oficialista tendrán que dividir esfuerzos, recursos y discursos para convencer a la militancia y ganar una encuesta interna —con el riesgo de fractura que esto siempre implica—, Astiazarán juega con la ventaja de la cohesión en la capital y una proyección estatal que ya está consolidada. La ventaja no es solo de simpatías, es de tiempo, el activo más valioso en la política.

El verdadero mensaje político del registro masivo de este viernes no va dirigido a la oposición, sino hacia las entrañas del propio movimiento en Sonora. Al institucionalizar las asambleas y ponerle nombre y apellido a las opciones, Morena ha enviado un ultimátum implícito: el tiempo de los indecisos se terminó.

En la política local, flotar o “nadar de muertito” esperando ver hacia dónde se inclina la balanza de la dirigencia nacional ya no es una opción viable. Aquellos grupos, liderazgos regionales y sectores que continuaban especulando o retrasando su definición política bajo el pretexto de “esperar los tiempos” hoy se topan con una realidad: el proceso formal ya arrancó y el rival de enfrente les lleva kilómetros de ventaja.

Continuar jugando al indeciso dentro de las filas de la llamada Cuarta Transformación en Sonora en este punto de la carrera ya no es prudencia táctica, es un error de cálculo. Toño Astiazarán avanza con paso firme desde Hermosillo y, si el bloque oficialista se enfrasca en simulaciones o titubeos internos, para cuando decidan unificar un proyecto definitivo de cara al 2027, podría ser demasiado tarde.