Los mercados financieros internacionales arrancaron la semana con fuertes pérdidas luego de que el precio del petróleo se disparara a niveles no vistos en años, generando nerviosismo entre inversionistas y provocando caídas generalizadas en las principales bolsas del mundo.

El aumento del crudo está ligado a la escalada del conflicto en Medio Oriente, particularmente a la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, lo que ha encendido las alarmas sobre posibles interrupciones en el suministro global de energía. 

Durante la jornada, el precio del petróleo superó momentáneamente los 100 dólares por barril, e incluso llegó a acercarse a los 120 dólares, su nivel más alto desde 2022, impulsado por el temor a bloqueos en rutas estratégicas de transporte petrolero. 

El impacto fue inmediato en los mercados bursátiles. Las bolsas de Asia y Europa registraron pérdidas significativas desde la apertura, mientras que en Estados Unidos los principales índices también iniciaron la jornada con retrocesos.

En algunos mercados, los descensos superaron el 2% y 3%, reflejando el temor de los inversionistas ante el aumento en los costos de energía y el posible impacto en la economía global. 

Analistas advierten que un petróleo más caro eleva los costos de transporte, producción y consumo, lo que podría reactivar presiones inflacionarias en varios países.

Uno de los puntos que más preocupa a los mercados es el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Las tensiones militares en la zona han generado incertidumbre sobre el flujo de crudo hacia Europa, Asia y América. 

Si el conflicto se prolonga o afecta el tránsito en esa ruta, especialistas advierten que el precio del petróleo podría subir aún más, lo que aumentaría el riesgo de una desaceleración económica global.

El repunte energético también revive el temor a un escenario de “estanflación”, una combinación de crecimiento económico débil con inflación elevada, impulsada por el aumento en combustibles y materias primas. 

Por ahora, los inversionistas siguen atentos a la evolución del conflicto en Medio Oriente y a las posibles acciones de los gobiernos para estabilizar los mercados energéticos y financieros.