Colombia vive una nueva escalada de violencia luego de que varios ataques con explosivos se registraran este 8 de agosto en distintas zonas del país, apenas un día después de la toma de posesión del presidente Abelardo de la Espriella.
Entre los hechos más graves destaca la explosión en un peaje cercano a Cali, en el suroeste del país, atribuida a disidencias de las FARC, que dejó daños materiales y al menos dos personas heridas.
De acuerdo con reportes, al menos cuatro ataques ocurrieron en diferentes puntos del territorio colombiano, incluyendo acciones con explosivos y drones, que provocaron la muerte de un policía y varios lesionados.
Las autoridades consideran que estos hechos forman parte de una ofensiva de grupos armados ilegales para mantener control territorial, en medio del cambio de gobierno y el debilitamiento de la estrategia de “paz total” impulsada por la administración anterior.
Ante este escenario, el presidente De la Espriella anunció una política de “mano dura” contra el crimen organizado y el narcotráfico, advirtiendo que los grupos armados deberán someterse a la ley o enfrentar la fuerza del Estado.
El repunte de la violencia refleja el complejo panorama de seguridad en Colombia, donde el número de integrantes de grupos armados ha crecido en los últimos años y las disidencias guerrilleras mantienen presencia en varias regiones del país.


































