La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República (FGR) no obedeció a una confrontación ni a presiones internas, sino a un acuerdo previamente planteado entre ambos para cerrar un ciclo y abrir una nueva etapa en la institución.

En conferencia, Sheinbaum explicó que sostuvo una conversación directa con el exfiscal en la que coincidieron en que “se cumplió un periodo” y era momento de dar paso a un relevo. Afirmó que no existió resistencia por parte de Gertz Manero y que su salida se dio “en muy buenos términos”.

La mandataria también confirmó que le ofreció al exfiscal una embajada como parte del acuerdo, una propuesta que éste aceptó y que medios nacionales han confirmado a través de fuentes gubernamentales.

Aunque la presidenta insiste en que el relevo fue institucional y pactado, la salida de Gertz Manero —quien encabezó la FGR desde 2019— ha generado diversas interpretaciones en el ámbito político.

Sectores críticos han señalado que la transición podría reforzar la influencia del Ejecutivo sobre la Fiscalía, especialmente en un periodo donde se mantienen investigaciones sensibles y casos de alto impacto. Desde la oposición, algunas voces han sugerido que el cambio busca reconfigurar la agenda de procuración de justicia bajo la nueva administración.

Sheinbaum rechazó esa narrativa y sostuvo que el objetivo es precisamente fortalecer la autonomía y la coordinación institucional. “Inicia una nueva etapa”, reiteró.

De acuerdo con la Ley Orgánica de la FGR, la persona establecida como suplente ocupará el cargo de manera provisional en lo que se lleva a cabo el proceso formal: recepción de la renuncia, propuesta del Ejecutivo, revisión del Senado y designación del nuevo titular.

La presidenta no adelantó nombres, pero indicó que el perfil deberá garantizar continuidad, capacidad técnica y confianza pública. El nombramiento será uno de los primeros movimientos relevantes del nuevo gobierno en materia de justicia.

Con la salida de Gertz Manero —quien ahora se integrará al servicio diplomático— se cierra una de las gestiones más largas y controvertidas en la historia reciente de la Fiscalía, marcada por casos emblemáticos, cuestionamientos sobre autonomía y una fuerte presencia política del funcionario.

Lo que sigue, afirma el gobierno, será una etapa de “fortalecimiento institucional”. Lo que advierten analistas es que será también una prueba temprana sobre el verdadero alcance de la independencia de la FGR bajo esta administración.