Durante los últimos diez años, México ha incrementado de manera significativa sus compras de gas natural a Estados Unidos, alcanzando en octubre de 2025 un promedio de 6 500 millones de pies cúbicos diarios, con un récord de 7 500 millones en mayo. Este volumen representa más del 70 % del consumo nacional, siendo fundamental para la generación eléctrica, donde el gas aporta más del 60 % de la energía.
El crecimiento en las importaciones refleja tanto la insuficiente producción interna como la creciente demanda del sector eléctrico, especialmente en zonas urbanas y parques industriales que dependen del gas como fuente primaria de energía. La dependencia energética ha generado preocupación entre autoridades y analistas, quienes advierten sobre la vulnerabilidad del país frente a variaciones de precios y disponibilidad en el mercado estadounidense.
En respuesta, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha impulsado estrategias para reducir la dependencia externa, incluyendo la exploración y producción de gas en territorio nacional. Entre las medidas destaca la evaluación del uso de técnicas como el fracking en estados como Coahuila, Tamaulipas y Veracruz. Aunque esta alternativa podría aumentar la producción local, ha generado debate político y ambiental, enfrentando oposición de algunos sectores dentro de la coalición gobernante, mientras otros la consideran estratégica para la seguridad energética.
En paralelo, la empresa estatal Pemex adjudicó un contrato mixto para el desarrollo del campo de gas y condensados Macavil a una compañía vinculada al empresario Carlos Slim. Este proyecto busca incrementar la producción de gas y condensados con la participación de Pemex en al menos un 40 %, reforzando la capacidad nacional para cubrir parte de la demanda interna y disminuir la presión sobre las importaciones.
Analistas del sector energético señalan que, aunque la producción interna ha crecido en los últimos años, todavía es insuficiente para satisfacer la demanda, especialmente con la transición hacia energías más limpias y la expansión de la industria eléctrica. La combinación de importaciones estratégicas y proyectos locales apunta a garantizar estabilidad en el suministro y precios más competitivos, aunque el país sigue siendo altamente dependiente de su principal proveedor, Estados Unidos.



































