El gobierno de México iniciará a partir del 15 de diciembre la entrega de casi 250 millones de metros cúbicos de agua a Estados Unidos como parte de un nuevo acuerdo bilateral para atender el adeudo acumulado en el marco del Tratado de Aguas de 1944, que regula el uso de los recursos hídricos compartidos entre ambos países.

De acuerdo con la información oficial, el pago se realizará de manera gradual y controlada, mediante la liberación de volúmenes de agua almacenados en presas internacionales y afluentes del río Bravo, con el objetivo de no comprometer el abasto para consumo humano ni la actividad agrícola en territorio mexicano.

El plan contempla:

Liberaciones programadas desde presas ubicadas en la cuenca del río Bravo, principalmente en el norte del país.

  • Uso de excedentes y escurrimientos acumulados durante el presente ciclo hidrológico.
  • Ajustes técnicos coordinados por la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), organismo responsable de supervisar el cumplimiento del tratado.

Las autoridades señalaron que el volumen acordado corresponde a una parte del adeudo pendiente del actual ciclo quinquenal, y que el calendario de entregas se extenderá hasta finales de enero, dependiendo de las condiciones hidrológicas.

La negociación se dio luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtiera que podría imponer un arancel del 5 % a productos mexicanos si México no avanzaba en el cumplimiento del tratado. La amenaza elevó la presión política y aceleró las conversaciones diplomáticas entre ambos gobiernos.

México argumentó durante las negociaciones que la sequía prolongada en el norte del país ha limitado la disponibilidad de agua en los últimos años, pero aceptó el nuevo esquema de entrega para evitar una escalada comercial y mantener la cooperación bilateral.

El gobierno mexicano aseguró que el acuerdo fue diseñado para minimizar afectaciones a productores agrícolas y comunidades fronterizas, priorizando el uso de reservas estratégicas y evitando recortes abruptos al suministro local.

Del lado estadounidense, la entrega permitirá aliviar la presión sobre agricultores del sur de Texas, quienes habían denunciado un impacto directo por la falta de agua proveniente del río Bravo.

Ambos países acordaron mantener un mecanismo de seguimiento técnico y diplomático, con el fin de evaluar el avance de las entregas y prevenir nuevos conflictos al cierre del ciclo del tratado.

El nuevo acuerdo reafirma la vigencia del Tratado de Aguas de 1944, pero también deja en evidencia los retos que impone la escasez hídrica y el cambio climático en una de las regiones más sensibles de la relación bilateral entre México y Estados Unidos.