La presencia en México de la secta ultraortodoxa judía Lev Tahor, señalada internacionalmente por presuntos abusos contra menores, volvió a encender alertas luego de la detención de un hombre identificado como Yoel “A”, a quien la Fiscalía General de la República (FGR) acusa de delincuencia organizada con fines de trata de personas.

La captura se realizó en territorio chiapaneco como parte de un operativo federal, tras una investigación que ubica al detenido como integrante activo de esta agrupación, conocida por imponer matrimonios forzados, control absoluto sobre mujeres y menores, así como por operar de manera itinerante para evadir a las autoridades.

De acuerdo con la imputación de la FGR, el grupo al que presuntamente pertenece Yoel “A” habría participado en la captación, traslado y sometimiento de menores de edad, principalmente niñas, para integrarlas a estructuras internas de la secta bajo prácticas que las autoridades consideran trata de personas.

Una secta bajo la lupa internacional

Lev Tahor —que se autodefine como una comunidad religiosa ultraortodoxa— ha sido investigada en Canadá, Estados Unidos, Guatemala y otros países, donde se le ha vinculado con abusos sexuales, negligencia infantil, secuestro y violencia psicológica. En varios de estos casos, tribunales ordenaron la separación de menores de sus padres debido a condiciones de riesgo.

Especialistas en sectas destructivas han señalado que el grupo se rige por normas extremas, incluyendo el aislamiento del mundo exterior, la prohibición de educación formal y la subordinación total de mujeres y niñas, lo que facilita escenarios de abuso sistemático.

Chiapas, nuevo punto de operación

La detención en Chiapas revela que México se convirtió en un nuevo punto de asentamiento para integrantes del grupo, aprovechando comunidades rurales y zonas con menor presencia institucional. Autoridades federales no descartan que otras personas vinculadas a Lev Tahor se encuentren aún en el país, por lo que las investigaciones continúan.

Tras su captura, un juez federal impuso prisión preventiva oficiosa al imputado, mientras se define su situación jurídica y se profundiza en la posible red de colaboradores y víctimas.

Un caso que abre más preguntas

El caso de Yoel “A” no solo expone la operación de una secta señalada por delitos graves, sino también los retos de México para detectar y contener redes de trata que se escudan en supuestas prácticas religiosas.

La FGR mantiene abiertas varias líneas de investigación, tanto para ubicar a posibles víctimas como para determinar si la estructura criminal operaba de forma transnacional desde territorio mexicano.