Tokio. El gobierno japonés dio un paso decisivo en su política de seguridad al aprobar el mayor presupuesto de defensa de su historia, una señal clara del giro estratégico del país ante el aumento de las tensiones con China en Asia Oriental. El plan contempla un fuerte incremento del gasto militar con el objetivo de fortalecer la capacidad de disuasión y respuesta de las Fuerzas de Autodefensa.
El presupuesto, que será aplicado en el próximo año fiscal, destina recursos a la adquisición de misiles de largo alcance, sistemas de defensa costera, tecnología no tripulada y el desarrollo conjunto de equipamiento militar con aliados internacionales. Con este aumento, Japón avanza hacia la meta de destinar el 2 % de su producto interno bruto a defensa, un umbral alineado con los estándares de la OTAN y que marca un alejamiento de décadas de contención militar tras la Segunda Guerra Mundial.
La decisión se produce en un contexto regional cada vez más tenso, especialmente por las maniobras militares de China en áreas cercanas a territorio japonés y alrededor de Taiwán. En ese marco, la primera ministra Sanae Takaichi declaró recientemente que Japón podría verse involucrado si Pekín emprendiera acciones militares contra la isla, a la que considera clave para la seguridad nacional japonesa.
Las declaraciones y el aumento del gasto han provocado reacciones críticas por parte de China, que acusa a Tokio de alimentar la inestabilidad regional. Sin embargo, el gobierno japonés sostiene que las medidas son defensivas y responden a un entorno de seguridad que describe como el más complejo de las últimas décadas.
El presupuesto aún deberá ser debatido en el Parlamento, pero refleja un consenso creciente dentro del liderazgo japonés sobre la necesidad de asumir un papel más activo en la seguridad regional y reforzar su alianza estratégica con Estados Unidos.



































