El atardecer del jueves se tiñó de silencio, lágrimas y consignas. Decenas de estudiantes, colectivos, amigos y familiares caminaron juntos por las calles de Hermosillo para honrar la memoria de las 24 víctimas del incendio y explosión ocurridos el pasado 1 de noviembre en la tienda Waldo’s, en la calle Doctor Noriega.

    Con flores en las manos y fotografías de sus seres queridos, los asistentes iniciaron su andar en el bulevar Luis Encinas. Avanzaron lentamente, unidos por el dolor y la esperanza, hasta llegar al cruce de Doctor Noriega y Mariano Matamoros, el lugar donde todo cambió. Ahí, entre velas encendidas y miradas que hablaban sin palabras, se realizó un minuto de silencio y un pase de lista en memoria de las víctimas.

    “Estamos aquí porque queremos justicia por las víctimas, queremos que siempre sean recordados por las buenas personas que eran, por lo alegres que eran. Ninguna persona merece pasar por una situación así”, expresó con voz entrecortada Tatiana Mabel Soriano Castro, familiar de Maribel, Francisca y Alejandro, tres de las vidas perdidas en la tragedia.

    La marcha también reunió a jóvenes universitarios que alzaron la voz por su compañera Jhoana, estudiante de la Universidad de Sonora. “Los estudiantes de Unison estamos en completa solidaridad con la familia. Sabemos el dolor, por eso es que estamos expresándolo en esta marcha memorial, para que esto no quede impune y los responsables enfrenten la justicia”, declaró Paul Axel Medellín Villalobos, secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios Sonorenses (ADEUS).

    Al llegar a la Plaza Zaragoza, frente al Palacio de Gobierno, el silencio se transformó en un coro de exigencia:

    “¡No fue accidente, fue negligente!”

    “¡No los olvidamos, por ellos marchamos!”

    Entre abrazos y lágrimas, los familiares anunciaron que presentarán una propuesta legislativa para reforzar las normas de seguridad en establecimientos públicos y privados, buscando que ninguna familia vuelva a pasar por una tragedia como ésta.

    La tarde cayó, pero el eco de las voces permaneció en el aire. Porque más allá del dolor, la marcha fue un acto de amor y memoria. Un recordatorio de que las 24 vidas que se apagaron aquel día siguen encendiendo la esperanza de una ciudad que no se rinde y que hoy, más que nunca, exige justicia y verdad.