La fiebre del Super Bowl no solo dispara el consumo de guacamole en Estados Unidos; también incrementa la presión del crimen organizado sobre la industria del aguacate en México. Productores y comerciantes reportan pérdidas de entre 3% y 5% del valor del producto debido a extorsiones a lo largo de la cadena de suministro.
La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) advirtió que estos cobros ilegales afectan desde el campo hasta el traslado hacia la frontera, convirtiéndose en una práctica cada vez más sistemática en zonas productoras como Michoacán.
Cada año, la semana previa al Super Bowl representa el periodo de mayor demanda para el llamado “oro verde”. Para esta temporada se prevé el envío de alrededor de 120 mil toneladas de aguacate Hass al mercado estadounidense, impulsadas por el alto consumo de botanas durante el evento deportivo.
El negocio es enorme: el valor anual de estas exportaciones ronda los 4 mil millones de dólares, lo que también convierte al producto en un blanco atractivo para redes de extorsión.
Ante este panorama, organismos empresariales han pedido reforzar las estrategias contra este delito e incluso integrar la exportación del aguacate a los planes nacionales de seguridad. En paralelo, el gobierno federal prepara una reforma para que la extorsión se persiga de oficio, sin necesidad de denuncia.
Mientras millones de aficionados se preparan para el partido más visto del año, detrás del guacamole que acompaña la celebración persiste una realidad menos visible: la inseguridad que impacta a uno de los productos agrícolas más emblemáticos de México.



































