En una mañana que alteró por completo el pulso político de la capital, Alejandro Gertz Manero confirmó su renuncia a la Fiscalía General de la República, poniendo fin a una etapa que definió buena parte del rumbo institucional del país desde 2019. El anuncio, esperado por semanas pero postergado entre silencios y versiones encontradas, llegó finalmente acompañado de una revelación que pocos anticipaban: su salida está vinculada a una propuesta para representar a México como embajador en el extranjero.

La carta que entregó al Senado detalla que fue la propia presidenta, Claudia Sheinbaum, quien lo invitó a sumarse al cuerpo diplomático. Aunque el gobierno aún no oficializa públicamente el país asignado, fuentes legislativas señalan que la oferta busca aprovechar su amplio historial académico y jurídico en una relación bilateral considerada estratégica.

La renuncia, que toma efecto inmediato, sucede en un contexto en el que la FGR enfrenta presiones internas, cuestionamientos mediáticos y un inminente replanteamiento de prioridades. Para algunos en el Congreso, su salida abre espacio para recomponer la conducción de la institución; para otros, representa el cierre de un ciclo controvertido, marcado por decisiones que generaron tanto respaldo como críticas.

Mientras el Senado prepara el proceso de ratificación para su eventual nombramiento diplomático, la FGR se encamina hacia una transición que podría redefinir su futuro. En paralelo, Gertz Manero inicia una etapa inédita en su larga trayectoria pública: pasar de la trinchera judicial a la diplomática, un giro que reconfigura su legado y lo coloca, una vez más, en el centro del debate nacional.