Miles de jóvenes salieron este sábado a las calles en distintas ciudades del país para participar en la movilización nacional convocada por el colectivo Generación Z México, un movimiento que ha logrado articular a estudiantes, trabajadores y activistas de entre 15 y 20 años con un pliego de 12 demandas centradas en cambios profundos al sistema político, judicial y de seguridad.
La jornada tuvo réplicas en más de 50 ciudades del país y en comunidades mexicanas en Estados Unidos, Canadá y Europa. En la Ciudad de México, el contingente avanzó desde el Ángel de la Independencia hacia el Zócalo, mientras que Palacio Nacional amaneció nuevamente cercado con vallas metálicas como medida preventiva ante la magnitud de la convocatoria.
El núcleo de la protesta gira en torno a un pliego petitorio de 12 puntos que exige mecanismos ciudadanos inmediatos para revocar al presidente, la prohibición total de intervención partidista en ese proceso y que, de concretarse, la persona sustituta sea elegida directamente por la ciudadanía. También demanda la creación de organismos ciudadanos que garanticen transparencia absoluta, auditorías independientes y un consejo supervisado por la sociedad para evaluar la actuación de jueces y tribunales.
Las propuestas incluyen también una reconfiguración de la representación legislativa, la eliminación de privilegios en el Congreso y la transformación del modelo de seguridad con una ruta clara hacia la desmilitarización y el fortalecimiento de policías locales bajo vigilancia ciudadana. El movimiento además contempla abrir una consulta pública para ampliar el pliego a 15 puntos con participación abierta.
La participación masiva también refleja el hartazgo de una generación que, según especialistas, carga con los efectos más duros de la crisis económica y social del país: jóvenes sin opciones estables de empleo, sin posibilidad real de acceder a una vivienda propia y expuestos a niveles inéditos de violencia, desapariciones y reclutamiento forzado. Para muchos de ellos, la protesta no solo es un acto político, sino una respuesta a la sensación de que su futuro está siendo reducido antes incluso de comenzar.
La movilización ha generado reacciones encontradas. Los organizadores insisten en que la marcha es apartidista, mientras que el Gobierno federal ha sugerido que podría haber intereses externos o campañas digitales detrás del movimiento. Críticas desde la Presidencia también han descalificado la convocatoria, aunque los jóvenes han respondido que su acción surge de un descontento legítimo frente a la inseguridad, la incertidumbre laboral y la falta de oportunidades.
Tras la protesta, el colectivo anunció que mantendrá abiertos sus canales digitales para incorporar nuevas propuestas y organizar mesas de seguimiento ciudadano a las demandas presentadas.



































