En un movimiento que redefine la cooperación bilateral en materia de seguridad, Estados Unidos ha solicitado a las fiscalías mexicanas adoptar un enfoque más profundo y estructural en la lucha contra el crimen organizado. De acuerdo con fuentes oficiales, el gobierno estadounidense ha insistido en que México deje de limitarse a la persecución y captura de delincuentes y avance hacia el desmantelamiento integral de las estructuras financieras y operativas de los grupos criminales.

La exigencia se centra en atacar los ejes que sostienen a estas organizaciones —sus finanzas, logística, redes de corrupción y sistemas de reclutamiento— con el objetivo de debilitarlas de manera permanente. Para Washington, enfocarse únicamente en arrestos aislados permite que los grupos se reorganicen rápidamente y mantengan su capacidad de operación.

Ante este planteamiento, la fiscal Ernestina Godoy propuso establecer encuentros periódicos entre fiscalías mexicanas y estadounidenses. La intención es unificar criterios legales y metodológicos, compartir avances de forma sistemática y fortalecer la coordinación en investigaciones que suelen trascender fronteras estatales e internacionales.

Especialistas en seguridad consideran que esta alineación estratégica podría representar un avance significativo, al promover acciones que apunten al núcleo de las organizaciones criminales en lugar de respuestas fragmentadas o reactivas.

Con esta nueva etapa de cooperación, ambos países buscan enviar un mensaje claro: la lucha contra el crimen organizado exige estrategias conjuntas, amplias y sostenidas, capaces de afectar la estructura misma de los grupos delictivos y no solo a sus integrantes.