El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, explicó las razones detrás de la decisión del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, de no renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en los términos actuales, optando en su lugar por un esquema de revisión anual.

De acuerdo con el funcionario, la postura de Washington responde principalmente a preocupaciones sobre el déficit comercial estadounidense y la necesidad de modificar las reglas del acuerdo para favorecer una mayor producción dentro de su territorio.

Ebrard detalló que esta decisión no tomó por sorpresa al gobierno mexicano, ya que previamente había sido anticipada por representantes comerciales de Estados Unidos en distintos foros. En este nuevo escenario, el tratado no desaparece, pero entra en una fase distinta: revisiones anuales hasta 2036, en lugar de una extensión automática por 16 años.

Entre los principales objetivos de la administración de Trump se encuentra ajustar las reglas de origen —especialmente en sectores como el automotriz— y mantener medidas como aranceles, con el fin de reducir el déficit y fortalecer la industria estadounidense.

El propio Trump ha expresado en distintas ocasiones su inconformidad con el acuerdo, al asegurar que Estados Unidos podría beneficiarse más fuera del T-MEC o bajo condiciones más favorables.

Pese a este contexto, Ebrard subrayó que ninguno de los tres países ha notificado su salida del tratado, por lo que este se mantiene vigente. Además, existe la posibilidad de que en cualquier momento, durante el periodo de revisión, los socios acuerden extenderlo nuevamente por un plazo más amplio.

Analistas coinciden en que este nuevo esquema genera incertidumbre económica, especialmente para sectores clave como el automotriz y las cadenas de suministro en América del Norte, aunque también abre la puerta a una eventual renegociación más profunda del acuerdo.

México, por su parte, mantiene una postura de diálogo y busca preservar la estabilidad comercial en la región, en medio de un proceso que marcará el futuro del comercio trilateral en los próximos años.