La diputada local Leticia Mosso Hernández, del Partido del Trabajo en Guerrero, generó un fuerte choque con periodistas durante una sesión del Congreso Estatal. La tensión explotó cuando ella subió a la tribuna para hablar, justo después de que se difundieran fotografías en las que aparece con su esposo, el dirigente estatal del PT, en una camioneta de lujo. Según reportes, el vehículo está valorado en más de 2 millones de pesos.

Al iniciar su intervención, Mosso se dirigió a los reporteros que cubren al legislativo y lanzó críticas directas: “Compañeros de los medios de comunicación, no les puedo decir amigos porque los amigos no se maltratan”, afirmó. Añadió también que no tenía dinero para “pagarles”, pero recordó que hay convenios entre el Congreso y los medios, instando a que dichos convenios fueran usados de manera digna.

Estas palabras desataron la indignación de los periodistas, quienes respondieron con gritos desde las gradas: pidieron que la diputada nombrara a quiénes se refería, lanzaron consignas como “cacique” y “libertad para la prensa”. También exigieron que reconociera que algunos medios reciben pagos por convenios con el Congreso y cuestionaron la generalización de su mensaje.

El presidente de la Mesa Directiva legislativa intervino para pedir silencio, hacer valer las normas del recinto y evitar una mayor escalada. Después de unos minutos, la sesión continuó y la diputada retomó su discurso, presentando una propuesta para reformar la ley de ciencia, tecnología e innovación del estado con perspectiva de género.

En el trasfondo de esta confrontación está el señalamiento que hicieron los medios tras la publicación de las fotografías: los reporteros criticaron el lujo del vehículo (marca GMC, modelo Yukon) en el que Mosso y su esposo fueron vistos. Esa camioneta es costosa y su presencia genera cuestionamientos sobre la coherencia entre su vida privada y su papel público como representante política, especialmente en un estado marcado por desigualdades socioeconómicas.

Este episodio revela varias tensiones:

  1. Credibilidad y austeridad: la imagen de lujo colisiona con la expectativa de una política cercana a la ciudadanía, sobre todo cuando se trata de un familiar con influencia política.
  2. Relación con la prensa: la diputada acusa a los medios de depender de los convenios del Congreso, mientras que los periodistas reclaman respeto, no generalizaciones ni hostigamiento.
  3. Transparencia: el debate también pone sobre la mesa cómo las figuras públicas manejan sus bienes y la percepción social sobre la ostentación.

En resumen, lo ocurrido no es solo un intercambio de reproches, sino un reflejo de problemas más amplios: la relación entre medios y poder, el discurso de la austeridad vs. la realidad patrimonial, y la exigencia social de que los representantes públicos sean coherentes con las críticas que se les hacen.