El Partido Demócrata consiguió el control del Senado y de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en las elecciones intermedias del 3 de noviembre, desplazando a los republicanos de la mayoría legislativa y modificando el equilibrio de poder durante la segunda mitad del mandato del presidente Donald Trump.

La victoria representa un revés para el mandatario, cuya administración enfrentó el descontento de sectores del electorado por el aumento del costo de vida, los precios de los combustibles, la guerra con Irán y las preocupaciones sobre el manejo del gobierno federal.

En el Senado, los demócratas aseguraron la mayoría tras imponerse en contiendas clave en estados como Texas, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, Kansas e Iowa. En la Cámara de Representantes también consiguieron los escaños necesarios para recuperar el control, con avances incluso en distritos que habían respaldado a Trump en las elecciones presidenciales de 2024.

La nueva composición del Congreso tendrá consecuencias directas para la agenda presidencial. A partir de enero de 2027, cuando asuman los legisladores electos, los demócratas podrán controlar las comisiones, decidir qué iniciativas llegan a votación y ejercer una mayor supervisión sobre las decisiones de la Casa Blanca.

También tendrán facultades para impulsar investigaciones sobre integrantes de la administración y las actividades financieras de la familia Trump, asuntos que dirigentes demócratas han señalado como parte de sus prioridades.

El resultado electoral estuvo marcado por el malestar económico. Durante la campaña, los republicanos enfrentaron cuestionamientos por el encarecimiento de productos y combustibles, mientras que el conflicto con Irán se convirtió en otro de los temas que pesaron en la evaluación ciudadana del gobierno.

La derrota republicana también alcanzó estados tradicionalmente favorables a ese partido. Entre los resultados destacados se encuentran el triunfo demócrata de James Talarico en Texas y la victoria de Annie Andrews en Carolina del Sur, además de los cambios de mayoría en otras contiendas senatoriales.

Aunque Donald Trump no estaba en las boletas, su figura tuvo un papel central en la campaña y respaldó a varios de los candidatos republicanos que terminaron derrotados.

Con el control de ambas cámaras, la oposición tendrá mayor capacidad para limitar la agenda legislativa del presidente y someter a escrutinio a su gobierno. Sin embargo, Trump conservará facultades ejecutivas y el poder de veto, por lo que el cambio legislativo anticipa un periodo de mayor confrontación política en Washington.