La Administración de Control de Drogas (DEA) y el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentaron cargos contra 26 presuntos integrantes del Cártel de Sinaloa, acusados de narcotráfico, lavado de dinero y narcoterrorismo.

De acuerdo con la acusación federal en Illinois, los implicados no solo traficaban toneladas de fentanilo, metanfetaminas y cocaína hacia el Medio Oeste, sino que también usaban bancos, casas de cambio y empresas fachada para blanquear millones de dólares.

El director de la DEA, Terrance Cole, señaló que la organización criminal logró “infiltrarse en el sistema financiero estadounidense”, mientras que la fiscal general Pamela Bondi destacó que el cartel fue designado como organización terrorista extranjera, lo que permite aplicar sanciones más severas.

En la operación, las autoridades detuvieron a 15 de los acusados y confiscaron más de 400 kilos de fentanilo junto a otros cargamentos de drogas.

Este golpe refuerza la estrategia de Washington contra los cárteles, que ya no son vistos solo como redes de narcotráfico, sino como estructuras criminales con alcance transnacional y capacidad de infiltración en instituciones financieras.