El consumo de alcohol en México continúa siendo elevado, aunque los hábitos comienzan a transformarse. Datos recientes de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 revelan que siete de cada diez personas entre 12 y 65 años han probado bebidas alcohólicas al menos una vez en su vida, lo que confirma la fuerte presencia de estos productos en la cultura social del país.
Sin embargo, la frecuencia ha disminuido frente a años anteriores. Actualmente, poco menos de la mitad de la población reporta haber bebido durante el último año y cerca de un tercio lo hizo en el último mes, cifras que muestran una tendencia hacia un consumo menos constante.
La cerveza domina el mercado
El patrón de consumo es claro: la cerveza se mantiene como la bebida alcohólica más popular y concentra más de la mitad del volumen total ingerido en el país. Muy por detrás se ubican los destilados —como tequila, whisky, ron y vodka— que representan cerca de un tercio del mercado, mientras que el vino conserva una participación menor y suele relacionarse con ocasiones específicas.
Este comportamiento refleja que las bebidas de mayor disponibilidad y precio accesible sostienen el consumo cotidiano, en tanto que otras opciones se asocian más a experiencias gastronómicas o sociales donde el gasto por ocasión es mayor.
Jóvenes beben menos; adultos sostienen el consumo
Uno de los cambios más relevantes es la reducción en la ingesta entre adolescentes. Menos de una quinta parte de la población de 12 a 17 años consumió alcohol en el último año, y el consumo mensual es aún menor, cifras que representan casi la mitad de lo registrado hace una década.
En contraste, el consumo se concentra en la población adulta. Casi la mitad de las personas de 18 a 65 años reportó haber bebido en el último año y una proporción significativa admitió episodios de consumo excesivo, especialmente entre hombres en edad productiva.
A nivel regional, las prevalencias más altas se observan en zonas con mayor urbanización y oferta gastronómica, lo que sugiere una relación directa entre ingreso disponible, vida social y consumo de bebidas alcohólicas.
El panorama apunta a una transformación más que a una reducción generalizada. México sigue bebiendo, aunque con patrones distintos: la cerveza conserva la hegemonía en volumen, los destilados impulsan el gasto y el vino permanece como una bebida ocasional. Al mismo tiempo, la menor exposición de los jóvenes podría anticipar cambios más profundos en el futuro del mercado.



































