Carolina Araiza confirmó su salida de la Dirección de Protección y Bienestar Animal de Sonora, cargo que ocupaba desde septiembre de 2022. La decisión, tomada por la Comisión de Ecología y Desarrollo Sustentable (CEDES) del estado, no estuvo acompañada de explicaciones públicas detalladas, generando una fuerte reacción entre colectivos y asociaciones protectoras de animales.
“Su salida es arbitraria e injustificada; representa un retroceso en las políticas de bienestar animal en Sonora”, señalaron diversos colectivos.
Durante su gestión, Araiza impulsó programas de rescate, adopción y cuidado de animales, así como campañas de concientización sobre tenencia responsable, logrando una colaboración más estrecha entre autoridades y sociedad civil. Activistas advierten que su salida podría afectar la continuidad de estos programas.
Tras la salida de Araiza, la CEDES designó a Dalia Sabrina Ramírez Munguía como nueva directora general. Ramírez Munguía es licenciada en Enseñanza y Aprendizaje y ha trabajado en programas de educación y sensibilización sobre protección animal, recibiendo en 2022 el Segundo Lugar del Premio Sonorense de la Juventud en la categoría de Protección Animal.
A pesar de la designación, colectivos siguen cuestionando la decisión, señalando que la transición podría representar retrocesos en las políticas implementadas por Araiza, y continúan exigiendo explicaciones claras sobre los motivos de su salida.
El lunes 27 de octubre, activistas se presentaron en las oficinas de la CEDES para confrontar al titular de la comisión, Carlos “Bebo” Zatarain, y solicitar mayor transparencia. Araiza, por su parte, aseguró que continuará trabajando por los derechos de los animales desde la sociedad civil.
“Seguiré luchando por la protección de los animales, porque esta causa trasciende cualquier puesto administrativo”, afirmó.
La designación de Ramírez Munguía se enmarca dentro de la estrategia de reestructuración anunciada por la CEDES, con el objetivo de fortalecer las acciones en materia de protección animal. Sin embargo, la polémica demuestra la preocupación de la sociedad civil sobre la continuidad y solidez de los programas de bienestar animal en Sonora.



































