La espera terminó. Tras semanas de búsqueda, autoridades detuvieron en Oaxaca a Gaby “N”, la mujer señalada por atropellar, arrastrar y causar la muerte del motociclista Roberto Hernández en Iztapalapa. Su captura ha encendido una sola exigencia entre los familiares de la víctima: que se haga justicia y que el caso no quede impune.
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ejecutó la orden de aprehensión por homicidio calificado luego de ubicar a la sospechosa fuera de la capital. Con apoyo de fuerzas estatales, agentes lograron su arresto y posteriormente fue trasladada al Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, donde un juez determinará su futuro legal.
Una tragedia que conmocionó a la ciudad
El 3 de enero, Roberto Hernández, repartidor de 52 años, salió a trabajar como cualquier otro día sin imaginar que no volvería a casa. En el cruce de Periférico Oriente y Eje 6 fue embestido por un automóvil.
Imágenes del caso estremecieron a la opinión pública: la conductora no se detuvo y el cuerpo fue arrastrado por varios kilómetros. Horas después, el vehículo —un Honda City azul con severos daños— apareció abandonado, alimentando la indignación social.
Detrás del caso hay una familia destrozada. Para Wendy Leyva, pareja de Roberto, la detención es apenas el primer paso en un camino que aún duele.
Con la voz marcada por la pérdida, fue contundente al hablar de la mujer detenida:
“Ella nos lo quitó, quiero que se haga justicia”.
La joven reconoce el avance de las autoridades, pero también admite que la angustia ha sido constante desde el día de la tragedia. Ahora espera que el proceso judicial avance sin fallas y que la responsable enfrente las consecuencias.
El caso no solo dejó luto en una familia; también reabrió el debate sobre la responsabilidad al volante y la seguridad de quienes trabajan diariamente en las calles.
Hoy, con Gaby “N” tras las rejas, surge una pregunta que resuena entre quienes siguieron la historia: ¿habrá justicia para Roberto?
Su familia y su pareja no piden venganza —piden ley, castigo y memoria. Porque cuando una vida se pierde de forma tan brutal, la justicia deja de ser solo un proceso legal y se convierte en una deuda moral.



































