La parálisis ferroviaria en Guanajuato se ha convertido en un nuevo foco rojo para la economía mexicana. Desde hace varios días, manifestaciones y bloqueos en distintos puntos del estado mantienen 30 trenes detenidos, cargados con alrededor de 251 mil toneladas de mercancías, según estimaciones de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y la Asociación Mexicana de Ferrocarriles (AMF).

Los trenes afectados transportan vehículos, autopartes, granos, combustibles e insumos industriales que deberían abastecer a fábricas y centros de distribución en el centro y norte del país. Las vías tomadas interrumpen el flujo ferroviario que conecta al corredor industrial del Bajío con el puerto de Manzanillo, una de las rutas más relevantes para la importación y exportación de bienes.

La Concamin advirtió que el impacto no se limita al estado, sino que “rompe el eslabón logístico nacional”, al afectar cadenas de producción en sectores como el automotriz, agrícola y energético. En Manzanillo, el tránsito de contenedores se ha visto prácticamente detenido, generando un efecto dominó en puertos y terminales intermodales del país.

Aunque las autoridades federales y estatales mantienen diálogo con los manifestantes, el sector privado urge una intervención inmediata para liberar las vías y restablecer el servicio. Algunos de los bloqueos están vinculados a productores agrícolas que reclaman precios justos para el maíz, lo que ha generado preocupación por el uso recurrente de las vías férreas como método de protesta.

La industria advierte que, si el conflicto se prolonga, las pérdidas podrían superar los cientos de millones de pesos en pocos días y complicar el transporte de mercancías hacia el cierre del año, una temporada clave para el comercio y la exportación.