Por Mónica Ortiz
No es fresa ni piña: Sus semillas rojas y su piel blanca, hacen de “la joya blanca” una de las frutas más exóticas del mundo y de mucho valor monetario.
Históricamente se dice que son originarias de Chile, pero en el año 1700 fueron llevadas a Francia, desde donde se extendieron a otros lugares del mundo.

La “pineberry” es un híbrido con sabor similar al de una piña; sin embargo, dentro de su producción no se utiliza ninguna otra fruta que no sea la misma fresa.
Surge en 1750 de dos especies, la Fragaria (fresa) virginiana de América del Norte y la Fragaria chiloensis de América del Sur, siendo así la variedad de fresas más longevas en el mundo.
La fresa-piña es más pequeña que una fresa común, mide entre 15 y 23 mm (0,6 a 0,9 pulgadas) y cuando está madura, posee una coloración casi completamente blanca y semillas rojas.
En la actualidad, el fruto es muy escaso, por lo que en muchos países se desconoce por completo su existencia. Dado a las dificultades que existen para su producción, quienes pueden acceder a ellas, tienen que pagar un alto precio por mínimas cantidades.
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